Hallar el sitio



Diana María Ivizate González (Pinar del Río, Cuba, 1972). Doctora por la Universidad Politécnica de Valencia, Departamento de Comunicación Audiovisual, Documentación e Historia del Arte. Autora, entre otros títulos, de La Esencia de Eva o el universo de lo femenino (Valencia, 2000); Paisajes de Mujer / Womanlands (Madrid, 2010); La generación Albur. El desafío a la Revolución (Valencia, 2011).


Nota de la contraportada


Diana Mar ía Ivizate González escribe una poesía femenina esencial, con unos versos que se extienden y recogen con suavidad, atentos siempre a unas realidades interiores de verdad y fuerza. Hallar el sitio es la tragedia de todo ser humano, que parece encontrar una respuesta en el paraíso de la infancia, en la naturaleza del Amor. Este es un libro muy extenso, porque narra un viaje interminable, una búsqueda infalible, más que un encuentro; es la promesa de una patria en la poesía, que termina salvando al poeta y a quienes le acompañan. Este poemario no nos revela el sitio, pero nos ayuda a encontrar, una a una, las señales de ese viaje interno al que nos someten las circunstancias, la devoción, el frío, la sílaba silenciosa del Amor.

 

De Hallar el Sitio

 

EN EL BORDE DEL MAPA


puse el pie la noche sin estrellas
y así, sin darme cuenta,
puse el grito en el cielo y heme aquí:
otra vez en el borde del mapa.
Pero un mapa que está en otro continente
y en el borde de ese continente y de ese mapa
puse otra vez el pie
y parece ser que mi destino es girar
de puntillas en el borde del mundo
hasta que la noche sin estrellas se haga estrellada
y de la luz plateada pasemos otra vez
a luz del día
y entonces yo no tenga el temor,
el terrible temor de mirar donde piso,
porque quiero caer de una vez en el centro del mapa,
del mío,
besarlo de una vez como besó Colón
y darme prisa,
porque del beso al rezo sólo hay una oración
que se me acaba
y empiezo cada noche hasta caer
sumida en ese sueño
en que tropiezo
con el borde del mapa.

LA ISLA CRECIDA


Cuando el barco no sea más nuestro símbolo
de rescate y huida,
cuando la tabla a la deriva y los delfines
no reflejen la muerte
y presencia de Dios,
y los grandes ausentes
que custodian la noche
puedan entrar incluso por Aduana,
siembra una palma en medio del océano:
esa será nuestra bandera verde.
Abre las puertas de los mausoleos,
que respiren los héroes…
y convoca al abrazo estremecido,
bandera verde,
de cuantos hijos pródigos regresen,
de los presentes,
de los que vuelven,
arrástrame hacia ti, Isla crecida,
bandera verde.