Libro de Joveno



Rafael Almanza

(Camagüey, Cuba, 1957). Licenciado en Economía por la Universidad de Camagüey. Ha publicado: En torno al pensamiento económico de José Martí (Ciencias Sociales, La Habana, 1990); El octavo día, relatos (Oriente, Santiago de Cuba, 1998); y Hombre y tecnología en José Martí (Oriente, Santiago de Cuba, 2001).  


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Rafeal Almanza escribe un canto vitalicio bajo la invocación de    El Amor Universal. Esta obra la integran hasta el presente los siguientes volúmenes:   I    Testigo de la Luz:  Libro de Jóveno (1975-1984),   El gran camino de la vida (1975-1984).  Fíbulas u peróvulas (cuentos, 2002-2003)      II    Nada existe:    El octavo día (cuentos, 1990-1996),    Nada existe (noveleta, 2001)     III Hymnos:  Visiones (1991-1992)     Iconos (1993-1999)  IV   Elíseo DiEgo: el juEgo de DiEs? (ensayo, 1994-1997)

LIBRO DE JOVENO

 

La vida como un acto de amor único, como un desgarramiento, como el beso de un joven tocado por la certeza de su plenitud, por el encanto de la existencia, de pie sobre su Isla leve. Lo importante aquí no es el acento riguroso de los versos, o el vocablo preciso en la construcción que son también lujos por añadidura de la obra: es el pulso de un destino que se inicia en el amor total como una vocación de sed, con todas las sílabas de su nombre . El poeta tiene el poder de la metáfora que descubre y la belleza que viene de la verdad profunda. Porque sólo la verdad es bella. No hay en estas páginas, como diría el maestro, ni una sola línea mental.

La sonoridad martiana late en estos versos. No se trata de la influencia pesada que arrastra el discípulo, sino de una manera muy cercana de participar de la búsqueda y la dación de sí. Rafael supo como José nacer de sí mismo y hablar con palabras propias ante el infinito, el absoluto que se revela como un nombre:

Yo sé que soy el dueño
De lo absoluto irrevelado, y debo
Declararlo ante todos por amor.

El Libro de Jóveno fue escrito hace veinte años, como la canción de una promesa, un juramento de la sangre, una declaración de fe. Era una época opuesta al lirismo, cuando todo se volvía materia inmediata, sustancia colectiva. Yo estaba desapareciendo. Almanza se salva, y salva el canto de una generación:

Yo resido en el tiempo como una columna blanca y rota
Como un perfecto templo demolido
Como un hueso final que esplende al sol
Con la historia de su marfil insuperado.

Si justo ahora logramos publicar estos versos, no es solo porque lo ha hecho posible el amor de los amigos, sino porque la más espléndida Era de la violencia comienza a disiparse ante nuestros rostros y la poesía, como testimonio del espíritu, parece tener una segunda oportunidad sobre la tierra.



Carlos Sotuyo